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martes, 21 de junio de 2011

Festival Internacional de Música Contemporánea en Buenos Aires: ¿El Di Tella? Me suena

SEDE DEL INSTITUTO DI TELLA.
Calle Florida 936, Buenos Aires. Años sesenta.
El pasaje del siglo XX al XXI ha traído, junto con una formidable mutación tecnológica de imprevisibles derivaciones culturales, una sensación de salto al vacío o de indeterminación en cuanto a las categorías con las que la modernidad solía leer la producción artística. El impulso de las obras –literarias, plásticas, teatrales, musicales, cinematográficas— además de conservar su irreductible singularidad, formaba periódicamente constelaciones, movimientos, campos de fuerza en los que dicotomías como la de tradición o vanguardia abonaban una cierta idea de progresión, de desarrollo estético. Una idea que las tragedias mundiales del siglo XX fueron desmoronando, pero que no fue abandonada del todo como lectura del pasado.


CATÁLOGO DEL FESTIVAL
Buenos Aires, junio de 2011
En el caso de Argentina, al promediar el siglo XX, y en especial en los años sesenta, se generaron una serie de cambios sociales acompañados del surgimiento de iniciativas culturales singulares como la del Instituto Di Tella, el centro de investigación creado en Buenos Aires en 1958 para desarrollar actividades en el campo de las artes visuales, escénicas y de la música. El Instituto, fundado a los diez años del fallecimiento del industrial Torcuato Di Tella por sus hijos Guido (economista) y Torcuato (sociólogo), estaba animado por un impulso “modernizador”, una actualización con perfiles locales de las tendencias que, principalmente en Europa y en Estados Unidos, estaban desarrollando artistas de otra vanguardia, diferente de la de principios de siglo, y en sintonía con las nuevas condiciones de la época.

La intensidad con que el Instituto Di Tella irradió su estimulante provocación cultural, pese a numerosos fuegos de artificio e intentos efímeros, fue creando una suerte de leyenda acerca de su fuego generador, expandido por los numerosos artistas, docentes y críticos que posteriormente desarrollaron su obra en otros ámbitos y países, pero cuyo paso por “el Di Tella” quedó como un distintivo originario o al menos un punto de partida significativo.

Pese a la relativa brevedad de la acción del Instituto Di Tella, alrededor de una década, su influencia fue motivo de revalorización bastantes años después, tras el drama arrasador de los años setenta, de la dictadura militar iniciada en 1976 y de sus consecuencias. El Di Tella, ya irrepetible, integraba sin embargo con perfil propio un momento singular de la memoria cultural.

Formación y experimentación. De los tres campos creativos en que se asentaba la actividad del Instituto Di Tella, el Centro de Artes Visuales, dirigido por el crítico de arte Jorge Romero Brest, y el Centro de Experimentación Audiovisual, que encabezó el director teatral Roberto Villanueva, tuvieron una influencia más visible y alimentaron gran parte de su iconografía.

El tercero, dedicado a la música contemporánea, es quizá el menos conocido por las generaciones posteriores. Se trata del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM), que dirigió el gran compositor y pedagogo argentino Alberto Ginastera. Por eso resulta especialmente oportuno el Festival internacional “La música en el Di Tella” (1) que se desarrolla esta semana de junio en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación con motivo del 50º aniversario de la creación del CLAEM.

ALBERTO GINASTERA
En la época en que dirigió el CLAEM
El festival permite recordar la original tarea formativa y experimental desarrollada por ese centro, la brillantez y rigor de sus profesores, y en especial la huella que dejó en los músicos de distintos países latinoamericanos que se formaron en él y que en este medio siglo han desarrollado su obra musical. El programa incluye conciertos de cámara, electroacústicos y sinfónicos con obras creadas por los entonces becarios, hoy músicos plenamente formados y reconocidos, y maestros a su vez de músicos más jóvenes. Algunos de los protagonistas de la experiencia se han reencontrado en Buenos Aires para analizar, en varias conferencias y coloquios, lo que fue el centro dirigido por Ginastera y las perspectivas y problemas actuales de la música contemporánea latinoamericana.

El proyecto de Ginastera. Al presentar este festival, el secretario nacional de Artes, el músico José Luis Castiñeira de Dios, subrayó que la conmemoración de este aniversario permite la reconstrucción de una época y su comparación con el presente, pero impulsa también iniciativas para un futuro que es necesario desentrañar. Unas iniciativas que cifró en el intento de desarrollar políticas de Estado iberoamericanas para colaborar en el desarrollo de las nuevas corrientes estéticas en el campo de la música.
Castiñeira recordó el clima de época que propició aquella iniciativa cultural y la actitud determinante de Ginastera para que se llevara a cabo. En los sesenta, señaló, se vivían en el país “las vísperas del gran drama, pero todavía se confiaba en el progreso de los tiempos, en la acción sanadora de la modernidad” y “en el arte y el pensamiento como motores de la evolución de la sociedad”. Era un tiempo en el que la comunidad marchaba "a velocidades diferentes, con vanguardias políticas y creativas que se disparan hacia la conquista inmediata de un futuro que aparece como muy cercano, mientras otros sectores padecen la injusticia acumulada por las restricciones políticas y la persecución”.

SEMINARIO DE COMPOSICIÓN
Detalle del programa diseñado
por Juan Carlos Diestéfano (1965)
Aunque la enumeración no debe tomarse como determinante, otros signos de la década fueron la reciente emergencia de la Revolución Cubana (1959), la rebelión juvenil del Mayo del 68, la difusión de los anticonceptivos y la liberación de las costumbres sexuales, la expansión del hippismo, o la lucha generacional. También los rigores de la Guerra Fría, la industrialización de algunos países americanos, la Alianza para el Progreso impulsada por Estados Unidos, la construcción de Brasilia como capital modernista, o los procesos de descolonización del Tercer Mundo.

En medio de ese cuadro y de sus tensiones subyacentes, surge asociada al Instituto Di Tella la experiencia pedagógica dirigida por Ginastera (ya entonces consagrado internacionalmente como compositor), que aspira a hacer de Argentina “un centro internacional de enseñanza y promoción de la música del siglo XX”. Cuando la sociedad argentina “comienza a dividirse en campos irreconciliables que exigen adhesiones excluyentes”, indica Castiñeira, a Ginastera "le toca la difícil tarea de imaginar un espacio destinado al conocimiento y la creación”, abriendo la convocatoria de los cursos a becarios de toda América Latina.

El presente, y este festival, confirman que las líneas de investigación musical plurales iniciadas entonces por los compositores conservan un alto valor medio siglo después, pese a no haber tenido, en general, reconocimiento social, salvo en el ámbito universitario y parcialmente en el sector audiovisual.

Músicos del siglo XX. En el cuerpo permanente de profesores que formaban a los becarios desde la creación del CLAEM en 1961 estaban, además de Ginastera, el compositor, pianista y director de orquesta Gerardo Gandini (premio Iberoamericano de la Música, 2008); Fernando von Reichenbach, director técnico del Laboratorio del Centro; Francisco Kropfl, director musical del Laboratorio de Música Electrónica, y la musicóloga Pola Suárez Urtubey, entre otros.


 
GERARDO GANDINI (1968)
Con el contrabajo utilizado en la
 ejecución de la obra "Strobo I"

OLIVIER MESSIAEN (1963)
Impartiendo un curso sobre Teoría del ritmo





CRISTOBAL HALFFTER (1967)
Técnicas contemporáneas en
composición musical




             LUIGI NONO (1968)
Curso sobre Música y palabra:
experiencias de composición en un
Laboratorio de música electrónica
La nómina de los artistas visitantes que enseñaron o dieron conferencias en la institución en esos años resulta hoy impresionante, ya que reúne a algunos de los creadores más importantes de la música de la segunda mitad del siglo: Olivier Messiaen, Luigi Nono, Iannis Xenakis, Bruno Maderna, Luigi Dallapiccola, John Cage, Aaron Copland, Cristóbal Halfter, Luis de Pablo, o el semiólogo Umberto Eco. Todos ellos han dejado, después su experiencia en el Centro, mensajes manuscritos de agradecimiento a Ginastera, que están expuestos en la sala donde se realizan los conciertos y coloquios. En esa exposición, que estuvo a cargo del crítico Pablo Gianera, se proyectan algunas películas de la época sobre la actividad de la institución musical. Y en otro sector de la misma un espacio dedicado a la fonoteca del Di Tella permite oír los conciertos de música contemporánea grabados en vivo en la década del sesenta. Durante las sesiones del festival, asimismo, el documentalista Andrés Di Tella, hijo de uno de los fundadores del instituto, rodará una película y se editará un disco con la música ejecutada.

Ni adaptación ni autismo. En el coloquio inicial, el director del Festival, Eduardo Kusnir, destacó el compromiso ejemplar de Ginastera con el CLAEM y señaló, como otros músicos presentes, que la experiencia allí desarrollada fue “apasionante y decisiva”, “breve pero intensa”. Al enfocar la singularidad de la música contemporánea, Kusner señaló que los compositores deben evitar un doble riesgo para preservar su libertad creativa: “ni adaptarse a lo que nos pide” (el mercado de la música) “ni tener una posición autista” (prescindente de la audiencia).


La singularidad de la experiencia del Centro también abarca el sostén financiero que la hizo posible, a partes iguales entre la Fundación Rockefeller, que garantizó un apoyo por seis años no renovables, y el mecenazgo del Instituto Torcuato Di Tella. Ese fue el punto de partida. “El barco”, vino a decir Kusnir al referirse al respaldo económico en plena Guerra Fría, salió de ese puerto aunque lo importante es ver adónde llegó y cuál fue su ruta.

"SOLES", DE MARIANO ETKIN (obra de 1968)
Interpretación de Claudio Barile (flauta), Carlos Vega (contrabajo) y Gastón Frosio (corno)
Lunes 20 de junio.

"UKRINMAKRINKRIN" DE MARLOS NOBRE
Para piano, piccolo, oboe, corno
y soprano (Macarena Valenzuela)
Obra estrenada en 1966

"SEMIOS" DE ALCIDES LANZA
Para piano y sonidos electroacústicos,
 interpretación del autor. Obra escrita en 2009.
















En el magnífico catálogo (2) editado con motivo de este festival, que reúne valiosa documentación sobre el Centro y el tiempo en que desarrolló su labor, el músico y entonces becario Mariano Etkin  señala que es difícil entender fuera de la época --en “que se tomaban riesgos”--  esa asociación “entre industria nacional y arte de vanguardia”, una conjunción que explica de esta manera: “Algunos inteligentes sectores del poder económico entendían que vincular sus nombres con la aventura, la experimentación y la novedad artística era una buena manera de trascender el inevitable ciclo de ascenso y caída de los negocios y, tal vez, trascender la muerte del individuo”.

Por otra parte, Ginastera, “católico observante que escribía una carta pública al cardenal Caggiano y le terminaba besando su anillo papal, un año antes invitaba al comunista Luigi Nono, quien dedicó su conferencia en el CLAEM al Che Guevara: algo sin duda riesgoso en esos tiempos” (1967). De hecho, junto con la reducción del sostén financiero, con el golpe militar de 1966 que derrocó al Gobierno radical de Arturo Illia la actividad del Instituto empieza a ser vigilada por los censores y la policía realiza varias visitas en busca de "libros subversivos" y drogas. La actividad decae y la institución es disuelta en 1971.

Estas y otras circunstancias, junto a la presencia de la música en vivo, integran un relato plural que los protagonistas de esa época y los musicólogos aportan al Festival de la Música en el Di Tella. Las reuniones se realizan en un lugar --el Centro Borges-- que está situado muy cerca de la sede (hoy inexistente) donde funcionó desde 1963 el Instituto Di Tella (Florida 936), en la entonces llamada “manzana loca” (entre las calles Florida, Paraguay, Maipú y Marcelo T. de Alvear). Y próximo también a ciertos lugares de reunión como la Galería del Este y bares emblemáticos de ese pequeño sector de microcentro de Buenos Aires, como el Moderno, el Barbaro o el Florida Garden, una zona donde la variopinta troupe artística del Di Tella escribió sin saberlo una página hoy tan borrosa como necesaria de la cultura argentina de la época.

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(1) Festival Internacional La música en el Di Tella: resonancias de la modernidad. Homenaje al Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLASEM) en su 50º aniversario. Del viernes 17 al viernes 24 de junio. Todos los conciertos son gratuitos y se realizan en el Centro Cultural Borges, excepto el de clausura, que se hará en el Auditorio de Belgrano a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional.


(2) El catálogo incluye estos artículos: Perspectivas de la música contemporánea (Castiñeira de Dios), El CLAEM, ayer y ahora (Eduardo Kusnir), Historia, actividad y recepción crítica del CLAEM (Hernán Gabriel Vázquez), Cuando el futuro sonaba eléctrico (M. Laura Novoa), Perspectiva internacional: lo `latinoamericano´ del CLAEM (Eduardo Herrera), Huellas del CLAEM en la música contemporánea argentina (Pablo Fessel) y Modernismo y vanguardia (Pablo Gianera). En la sección Memoria de los becarios escriben los músicos Rafael Aponte  Ledée, Graciela Paraskevaídis, Mariano Etkin, Armando Krieger, Alcides Lanza, Mesías Maiguashca, Jorge Antunes, César Bolaños, Eduardo Kusnir y Gabriel Brncic